Red de historia de los medios

Herramientas de la Red de Historia de los Medios | Año 1 | N° 2 | 2011
Historia de la televisión en Argentina (I)
técnica, cultura y política en la historia de los medios.

Mirta Varela

ReHiMe | Red de Historia de los Medios
CABA | Argentina | 2011
Se permite la reproducción total o parcial citando la fuente


  | Técnica, cultura y Política: de la antena a las primeras transmisiones.    
       
 
La televisión inició sus transmisiones públicas el 17 de octubre de 1951 con la emisión del acto del día de la lealtad peronista en el que hablaron Juan Domingo Perón, Evita y José Espejo, el Secretario General de la CGT (Confederación General del Trabajo). La televisión fue presentada como un logro gubernamental entre otros que sirvieron como motivo de celebración y festejo.

Las primeras transmisiones de televisión exigieron una infraestructura muy costosa. Como había ocurrido previamente con el telégrafo o el teléfono, poner en marcha un canal de televisión exigió la intervención de empresarios con un gran capital o del Estado, como fue el caso en Argentina. Esto trajo como consecuencia que la mayor parte de los canales de televisión iniciaran sus transmisiones con grandes festejos, en fechas patrióticas o en ocasión de un gran evento político.

 
       
 
De manera que los comienzos de la televisión parecen contar siempre con una fecha precisa a escala nacional lo que, dicho sea de paso, determinó que la historia de la televisión sea una historia fuertemente nacional aunque se desenvolviera en un contexto histórico de creciente tendencia a la globalización. Sin embargo, se trató de una fecha simbólica con poca significación social. La noticia de la inauguración del canal de televisión era un dato menor frente al acontecimiento de verdadera importancia social y política que fue la concentración de masas convocada por Perón para conmemorar la fecha mítica de la salida del pueblo a las calles para rescatar a su líder en prisión el 17 de octubre de 1945. El día de la primera transmisión de la televisión argentina tuvo más repercusión la presencia de Eva Perón en el acto después de una prolongada ausencia del espacio público a causa de su enfermedad, que la inauguración del primer canal de televisión.
 
       
 
       
 
.Sucesos Argentinos N° 611 “Televisión en Argentina”
 
 
La antena era en verdad el único elemento técnico ligado a la televisión que podía decirse que era “nacional”. Todos los demás equipos habían sido comprados en Estados Unidos y resultaba difícil señalar la importación como un logro nacional en un país que se enorgullecía de haber sido pionero de las transmisiones radiales.

Pero la antena también fue utilizada en otras sociedades porque era un ícono reconocible que permitía establecer continuidades con los medios conocidos. El continuum entre tele-grafía, tele-fonía, radio-tele-fonía y tele-visión (y así lo escribían las revistas técnicas y de divulgación de la época) estaba dado por esa característica común: la transmisión a distancia de signos, voces o imáges. El acento, en todos  estos medios, estaba puesto en la capacidad de transmisión a distancia. La antena transmisora, cuyo dibujo en la prensa solía incluir las ondas expansivas, brindaba un ícono común que se distanciaba, al mismo tiempo, de la tele-grafía y tele-fonía por hilos. Las ondas se oponían a los hilos y unían en un mismo espacio común a la radio-telefonía y la tele-visión.
 
       
 
       
 
   
 
La imagen emblemática de RKO Radio Picture en Estados Unidos, por ejemplo, tuvo su versión local en la presentación del Noticiero televisivo en Argentina.
   
 
También la revista Antena surgida en la Argentina en los años treinta incluía en su título y en su logo esta imagen. Resultó sintomático que la primera revista dedicada a la programación televisiva se llamara Antena. Antena  pudo incorporar el espectáculo televisivo a partir de la década del cincuenta, sin necesidad de cambiar ni su nombre ni su logo ya que la antena continuaba siendo el mismo símbolo de ambos medios.
 
   
   
  | De la tele-visión al televisor.
   
 
Ese momento en que el ícono televisivo por excelencia era la antena transmisora, fue de primacía del orden de lo público. No sólo porque la tele-visión es un asunto de Estado que se ocupa de instalar la antena y de regular sus ondas, sino porque las ondas circulan literalmente por el espacio público.

Pero luego de ese reinado de la antena transmisora, asistimos a un primer desplazamiento del imaginario técnico televisivo. Se trata del pasaje de la tele-visión al televisor que coincide con un período anterior a la instalación del servicio público o un momento muy inicial del mismo. Sigue siendo un momento eminentemente técnico donde la técnica, sin embargo, se presenta en dos dimensiones muy distintas. Mientras la tele-visión -en tanto transmisión a distancia- coloca a la televisión en la serie de la tele-grafía y tele-fonía que habían surgido en el ámbito de las comunicaciones públicas (en el orden militar, comercial o burocrático, según el caso y estaba dominado por Ingenieros, Funcionarios o Empresarios de diálogo directo con el gobierno de turno), el televisor sería, básicamente, un electrodoméstico perteneciente al ámbito de consumo privado y de ser posible comprado en cuotas.
 
       
 
El pasaje del ámbito público al ámbito privado es central durante esta etapa y también el desencantamiento técnico que esto produce: de la maravilla de la transmisión a distancia para la que no había explicación popular evidente, a un electrodoméstico que, si bien podía brindar distinción social (debido a su alto precio inicial), todavía no podía competir con los medios que ya habían desarrollado un lenguaje y un star system propio (la radio en el hogar y el cine u otros espectáculos fuera del ámbito doméstico).

Ese pasaje tuvo matices, avances y retrocesos. Durante esta primera etapa de transmisiones de televisión es usual que las imágenes muestren el modo en que se produce televisión: el panel de control o las cámaras.

Es frecuente que los condutores de televisión se hagan fotografiar junto a una cámara. Lo mismo ocurre con los actores o actrices que lentamente se van incorporando en televisión.
 
       
 
Es como si el espectáculo televisivo todavía no se bastara a sí mismo, como si su lenguaje no fuera reconocible per se  y lo único que garantizara que se trata de televisión es la imagen de las cámaras que lo hacen posible.

Esta puesta en escena de la producción de la emisión televisiva, coexiste con la imposición del televisor como ícono representativo del medio. El deslizamiento desde el dispositivo de emisión al dispositivo de recepción es un proceso en el que hay mucha prueba de ensayo y error. Hay una suerte de etapa intermedia donde las actrices no sólo muestran que actúan frente a las cámaras sino que también muestran que se han comprado un televisor y ven televisión en su hogar.

 
       
 
El epígrafe de una fotografía aparecida en una revista del espectáculo de la época dice “Mirtha Legrand es poseedora de un magnífico aparato receptor de televisión”. Inclusive, en los programas de televisión era usual regalar televisores como premio, lo cual nos habla de las peculiaridades de un público que todavía se hallaba en expansión.

De manera que los primeros contenidos televisivos están completamente tensionados por la cámara que está allí para ver lo que sucede, aunque es claro que eso no sucedería si la cámara no estuviera allí. Unos músicos tocan, una cantante canta y un niño baila completamente pendientes del ojo de la cámara. Sin embargo, esta misma organización de la escena, convierte a la representación televisiva en una suerte de performance sin lenguaje propio, al menos sin un lenguaje autónomo. El hecho mismo de que no haya quedado documentación de estas transmisiones sino a través del registro fílmico o fotográfico, es un dato significativo. La televisión todavía es un medio que depende de otros o que sirve como instrumento a otros medios.
 
       
 
   
 
.  Fragmento de Sucesos Argentinos N°668
       
 
En síntesis, los televisores todavía son un objeto extraño que aún tardaría un tiempo en incorporarse a la vida cotidiana. La incorporación del televisor al ámbito doméstico y su transformación en un medio hegemónico exigió una transformación perceptual donde intervinieron estrategias de domesticación técnica y simbólica diversas.

El reinado del televisor como ícono de la historia de este medio coincide, por lo tanto, con una etapa indispensable para permitir la expansión de la televisión en la sociedad. Sin embargo, esto produce una tensión con su importancia política. Se trata de una etapa donde la televisión todavía no puede competir en importancia con la prensa, la radio o inclusive el cine y que no ofrece una tribuna a los políticos preocupados por la repercusión inmediata de sus discursos en la mayor parte de la ciudanía. Por ejemplo, en el caso del peronismo, a pesar de haberla instalado, no pudo utilizarla políticamente porque Perón fue destituido por un Golpe de Estado antes de que la televisión llegara a convertirse en un medio de masas.
 
       
 
El despliegue técnico necesario para desarrollar un sistema de televisión fue extremadamente costoso. Esto explica que los íconos iniciales del medio fueran del orden técnico: la antena, el televisor... Sin embargo, también podemos inferir una cuestión más general: en las etapas iniciales de la historia de los medios, la dimensión técnica se presenta en la superficie de los mismos, resulta ineludible. Por el contrario, a medida que se desarrollan otras etapas de su historia, tiende a quedar opacada detrás de sus funciones culturales. La técnica se naturaliza y deja de considerarse un elemento externo para pasar a ser parte de la vida de las personas.

Es el momento en que se ha producido un desplazamiento del orden técnico al orden cultural: la constitución de un lenguaje, una estética y una forma de consumo específicos. A este desplazamiento es al que estoy llamando precisamente el  pasaje del televisor a la televisión. Como señalamos antes, los cambios en la denominación del medio destacan los aspectos que se vuelven más importantes en cada etapa y traducen en palabras las tensiones típicas de la indeterminación que sufren los medios cuya función social no ha adquirido aún su forma definitiva.


 
       
 
El pasaje del televisor a la televisión puede concebirse como un pasaje de una etapa a otra de la historia del medio. Desde un periodo en que la televisión se ubica primordialmente en el orden de la técnica, hacia una etapa donde la televisión pasa a ser parte del orden del espectáculo. Sin embargo, este proceso afecta, en verdad, a todas las dimensiones. Para convertirse en un medio hegemónico, la televisión tuvo que conseguir simultáneamente la consolidación institucional de su forma de producción, la organización de una grilla estable de programación con géneros específicos, un sistema de estrellas propio y una forma de consumo hogareño.
 
       
       
       
 

Bibliografía

Varela, Mirta (2005):
La televisión criolla. Desde sus inicios hasta la llegada del hombre a la Luna 1951-1969
.
Buenos Aires. Edhasa.

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  Esta Herramienta forma parte del
Dossier 05 | 60 años de televisión en Argentina
     
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Historia de la televisión en Argentina (I)
técnica, cultura y política en la historia de los medios.
Mirta Varela

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